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¿Ir de putas en Valencia es discriminar a la mujer?

¿Es posible que irse de putas en Valencia sea realmente tan nocivo para la sociedad? La prostitución no deja indiferente a nadie, y cuando se trata de hablar del tema se tiende a cierta radicalización que no hace sino perpetuar la eterna discusión y acabar con la posibilidad de una solución real.

Esta línea, la de la radicalización, es precisamente la que ha decidido seguir en su discurso Mabel Lozano, maniquí con sonrisa de pinzas y vestido de luces en pasarelas y televisión durante sus años jóvenes; reconvertida a cineasta documental contra la violación sobre los derechos humanos en su etapa adulta.

En una entrevista que le dedicaba el diario El Mundo en su web, la cineasta se encarga de tachar de inmorales a todos los hombres que van de putas, ya que, tal y como argumenta Mabel, “si vas de putas, la Humanidad se empobrece, se esclaviza, se envilece”.

Una frase que suena fuera de contexto si tenemos en cuenta que el tema central de la obra de Mabel Lozano gira en torno a la trata de mujeres y el proxenetismo. Este tema, el de la lucha contra las mafias y la explotación sexual de mujeres de todo el mundo, es un tema en el que todos podemos estar de acuerdo. Desde este mismo portal hemos hablado en muchas ocasiones sobre el mismo y de cómo y por qué hay que evitar perpetuarlo. Sin embargo, algunas de las declaraciones de Lozano alcanzan un grado de generalización que alcanza a todas las esferas de la prostitución y a todos los clientes; algo con lo que no podemos estar de acuerdo.

Este es precisamente uno de los problemas más comunes a la hora de hablar de prostitución y la posible legalización de la misma. La radicalización y la extensión del discurso sobre la violencia de género que suele salpicar a la prostitución voluntaria, generalizando un mensaje de negación ante ambas y prolongando uno de los males más sufridos por las putas, escorts, chicas de compañía o como quieras llamarlas: la etiqueta social y la marginación.

Cuando a la documentalista se le pregunta sobre la prostitución voluntaria: “Suponiendo que exista, ¿usted legalizaría la prostitución voluntaria?” (Pregunta que ya de por sí resulta bastante tendenciosa); la respuesta de Lozano es, cuanto menos, discriminatoria para las mujeres que, precisamente, sí lo son de manera voluntaria: “Si quieres ejercer ese trabajo [tono irónico], eres libre, decides los clientes y el dinero es para ti [abandona la ironía], ¿por qué no te das de alta en la Seguridad Social? Yo soy autónoma. ¿Cuál es el problema? Mire, detrás de la voluntariedad hay precariedad, falta de oportunidades y violencia familiar”.

Esta es la imagen que tanto duele a muchas de las mujeres que son putas porque han decidido que merecía más la pena trabajar del sexo que romperse la espalda 12 horas al día por dos duros. O las que disfrutan del sexo y se ganan un dinero extra. O las escorts jóvenes que se pagan sus estudios. ¿Es la prostitución un empleo perfecto? No. Claro que no. No vamos a engañar a nadie diciendo que es un paseo en barca. Pero decir que todas las mujeres que trabajan en la prostitución sufren de precariedad, falta de oportunidades y violencia familiar, es extender ese estigma tan perjudicial para ellas.

Cuando se escuchan argumentos en contra de la prostitución como el que esgrime Lozano, parece que la posibilidad de una mujer que decida hacerse puta es algo imposible. Algo propio de una sociedad imperfecta e inmoral, de una peli de ciencia ficción con un futuro distópico y aterrador. Pues bien. Los cierto es que hay putas españolas, putas rusas, putas cubanas, putas brasileñas y putas valencianas que lo son porque lo han decidido ellas. Esa es la realidad. Ahora, lo que podemos hacer son dos cosas: atacarlas y discriminarlas aludiendo a las razones por lo que lo son, o intentar ayudarlas en todo lo posible protegiendo su ambiente de trabajo y aportándoles derechos fundamentales. Lo primero se consigue negando la realidad. Lo segundo, legalizando la prostitución voluntaria.

Evidentemente cuando se trata un tema tan controvertido como la prostitución, encontrarse con puntos de vista contrapuestos no es algo nuevo. ¿Quiere decir esto que uno sea más certero que otro? Puede. Aunque en muy pocos casos se suele llegar a una resolución, y en la mayoría de los temas candentes la respuesta suele estar en un punto medio, basado tanto en la experiencia de los que están dentro como los que lo observan desde fuera; en este caso, las propias trabajadoras sexuales.

Desde los propios colectivos encargados de velar por la seguridad de las prostitutas se critican aseveraciones semejantes. No se debe meter en el mismo saco a un colectivo tan amplio, sobre todo a expensas de la imagen de muchas de ellas. Si hay algo que hace daño a una prostituta, es la discriminación social. Si queréis leer un par de ejemplos sobre lo discutido en este texto, aquí podéis leer dos artículos al respecto: “Samanta Villar; a un paso de probar la prostitución“; “La liberalización de la prostitución se convierte en fenómeno viral mundial“.

 

Entrevista: Diario El Mundo

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