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Putas Valencia: Las ventajas de irse de putas

Por los motivos que sea, y que no vamos a entrar a analizar aquí y ahora, la hipócrita cultura judeocristiana se empeña en despreciar a las prostitutas y a quienes recurren a sus servicios. Como este no es el tono que queremos darle al escrito, vamos a evitar decir qué consideración nos merecen estos críticos.

Lo que sí puede ser interesante es analizar los motivos que llevan a los clientes a hacer uso de los servicios de las escorts en Valencia… aunque, de hecho, a la hora de hablar de motivaciones, cada cual tiene las suyas, de modo que vamos a dedicar unos cuantos párrafos a hablar de las ventajas de visitar un burdel.

Parejas más sólidas

Empecemos con el argumento que es, tal vez, el más polémico: ir de putas fortalece la pareja, (esto pasa aquí en Valencia y en cualquier otro lugar del mundo). Mientras quienes no están de acuerdo y prefieren no estarlo ni atender a razones se rasgan las vestiduras, los demás pueden seguir leyendo este texto:

Uno de los males más peligrosos para una relación de pareja es la monotonía: levantarse y acostarse viendo siempre la misma cara; echar un polvete el día que toca (misionero-perrito-ella encima-yaaah…-cigarrito y  a dormir); creer que conocemos a la otra persona o incluso que tenemos claro lo que nos gusta… acaba por desgastar la relación más sólida.

Por eso mismo, porque monotonía y pareja son una muy mala mezcla, las putas pueden muy bien suponer, con su trabajo, un alivio a las tensiones y aburrimientos propios de una relación. Eso sí, hemos de tener claros un par de puntos: el primero es que amor y sexo no son lo mismo, de modo que hay que diferenciar lo físico de lo afectivo, tanto con nuestra pareja como con las profesionales; y el segundo, relacionado con este primero, se refiere a que no tenemos ningún derecho a sentirnos celosos si nuestra pareja decide hacer lo mismo con un escort propio de su sexo.

Facilitando la vida desde tiempos inmemoriales

Otra de las ventajas de ir de putas se refiere a que la vida se vuelve infinitamente más sencilla: supón que has decidido que esta noche quieres sexo, pero no deseas pagar por él: aparte de arreglarte para salir –algo que vas a hacer de todos modos-, tienes que decidir a quién quieres conocer (y esperar que esta persona quiera conocerte a ti); romper con la timidez y hablarle; gastarte un buen dinero en copas y convites –es opcional, pero ayuda-… Y todo ello, si lo que quieres es un rato de sexo, confiar en que esta persona busque lo mismo, sin implicaciones emocionales, y en que sea capaz de satisfacerte.

Sin embargo, si te decides por una prostituta, sabes que esta, por mucho que quiera fingirlo, no va a enamorase de ti, que sólo te ofrece placer, sin complicaciones. El servicio tiene un precio –las copas y otros extras son cosa tuya- y tanto ella como tú sabéis a lo que vais. Además, puedes elegir a la escort que prefieras sin pensar en si va a querer sexo o no. Todo mucho más sencillo.

Sí, cumplen una labor impagable para la sociedad

Dicen, y algo de eso hay, que las escort cumplen una labor social. La verdad es que si folláramos más, joderíamos menos: los tímidos patológicos, aquellos que por su físico, por algún tipo de enfermedad o por cualquier otro motivo tienen más complicado encontrar pareja acaban por acumular una tensión que revierte en su salud… Y en determinados casos en la de los demás. Al fin y al cabo, la tensión no resuelta puede salir por cualquier lado.

Naturalmente, no estamos diciendo que las putas se consideren medicina o entren por la Seguridad Social –aunque en algunos casos no estaría de más-. La idea que aquí se defiende es la de que este mundo es un poco mejor con estas trabajadoras ejerciendo su labor… Porque, no lo olvidemos, las prostitutas son trabajadoras, si dejamos aparte prejuicios y beaterías de baratillo.

Por lo legal

Y, ya que hemos mencionado el hecho de que son unas trabajadoras que ejercen su oficio para ganarse la vida, a la vez que mejoran la sociedad, vamos a aparcar por ahora los beneficios que de hecho tiene irse de putas –tiempo tendremos para volver sobre ellos- y a reflexionar un momento sobre algunas de las ventajas añadidas que tendría si se legislara la actividad y se regulase la forma de prestar y hacer uso de los servicios de las escort:

Para empezar, la prostitución perdería esa imagen de sórdida y de actividad en el lado sombrío de la ley. De hecho, más que una imagen, cambiaría una realidad, esa parte oscura a la que nos da asco y pena mirar, en la que se obliga a personas a venderse como carne de tercera a cambio de pan y cama…

Por seguridad y salud

Legalizando la actividad, se volvería más segura y saludable, tanto para las prostitutas –cuya salud sería más fácil de controlar, además de verse liberadas de unas medidas de seguridad que no siempre son las ideales-, como para sus clientes.

Arrojando luz sobre el mundo de las escort, conseguiremos que determinadas actividades que no tienen nada que ver con un trabajo digno, pero que se desarrollan en su entorno, dejen de relacionarse con ellas. No queríamos mencionarlo, pero en aras de evitar malos entendidos, diremos que estamos hablando de tráfico de personas y de drogas, por citar solo dos ejemplos.

Es para pensárselo

Por ir terminando con las ventajas de la prostitución –y de la prostitución legal-, diremos también que una actividad regulada y que aporta sus facturas e impuestos es una actividad que puede exigir los beneficios a los que estos impuestos le dan derecho, algo que revierte en beneficio del cliente.

Con lo dicho hasta aquí, parece que queda claro que las ventajas de irse de putas son muchas… Y que podrían ser más si su trabajo estuviera regulado. Aunque, en todo caso, cada cual puede pensar lo que le convenga, siempre y cuando nos respetemos como trabajadores y –sobe todo- como personas.

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