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Porno en realidad virtual: ¿Una amenaza para las putas?

¿Ha evolucionado el porno de tal manera que ahora en lugar de llamar a putas te plantees ver porno en realidad virtual?

El porno es la quinta industria mundial que más dinero consigue movilizar. Todos consumimos o hemos consumido alguna vez pornografía, ya sea en forma de VHS o en forma de vídeo en internet. Está claro que el modelo de negocio es a prueba de fallos, ya que se trata de explotar uno de los instintos más básicos del ser humano: el deseo de practicar sexo.

Hasta ahora, el porno y la prostitución han convivido satisfaciendo este deseo, pero ha llegado un nuevo concepto, una nueva tecnología, que promete revolucionar el mundo del porno haciéndolo más real y vivido que nunca. Se trata del porno en (VR), es decir, porno en realidad virtual, el cual se sirve de las nuevas tecnologías de VR que están tan de moda en el mercado para situar al espectador en medio de la escena de sexo, normalmente como protagonista de la misma.

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Esto se consigue a través del sistema de 360º, con el cual el usuario puede ponerse unas gafas de realidad virtual como el Oculus Rift (algo más grandes de lo que nos inauguraban las pelis de ciencia ficción ochenteras… aunque en lo del sexo virtual tenían razón) y adoptar en primera persona el papel del actor en la escena. Gracias a que se graba en un ángulo de 360º, el usuario puede mirar a su alrededor como si estuviera en el mundo virtual, y todos los actores de la escena mirarán a la cámara, que actúa como ojos del usuario.

En un principio parece que esta manera de adoptar un avatar supone una buena experiencia para los que quieran animar las relaciones sexuales de pareja y hacer juego de roles. También parece un avance lógico en el porno. Pero, ¿tiene sentido que consumamos esta clase de productos más allá de una curiosidad divertida?

Es una cuestión interesante, especialmente si tenemos en cuenta que estos productos son caros y que con el dinero que cuestan podríamos hacer otras cosas como… no sé… follar de verdad. Está claro que como la realidad no hay nada, y que, por muy tentador que sea ponerse en la piel de un tío con tableta y un pene al que se le podría poner el mote de “anaconda” sin sonar irónico, no hay nada como experimentar las putas tetudas, las putas culonas, las putas rusas, las putas brasileñas y las putas valencianas de primera mano.

Llama la atención que por muy sencillo que sea concertar una cita con una de las muchas escorts en Valencia que hay, sigamos buscando maneras cada vez más extravagantes de practicar el sexo de mentira. Creo que puedo decir que no es así de sencillo engañar a nuestra mente.

Por eso, la próxima vez que tengáis una tarde de esas tontas, en las que, por cualquier razón, estáis más cachondos que un mono, preguntaros qué es mejor: encender la pantalla del ordenador y pelar la banana, o tener la posibilidad de tocar y sentir a una mujer de diez durante una gloriosa hora… o unos gloriosos minutos, dependiendo de cuánto tiempo llevéis sin desatascar las cañerías.

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