historia prostitución valenciana

Cuarenta siglos de prostitución en poco más de mil palabras

Cuando se habla de la prostitución como el oficio más antiguo del mundo no nos estamos remitiendo a un tópico vacío y sin mucho sentido: es, si no el trabajo con mayor cantidad de siglos –el que pagaba por sexo tenía que haberse ganado antes los denarios con el sudor de su frente-, un empleo que se ejerce desde que el ser humano empezó a dejar constancia de sus andanzas por el planeta. Más o menos.

Oriente próximo: la prostitución religiosa

Como no tenemos registros demasiado evidentes sobre la prostitución en la prehistoria, vamos a los primeros escritos que el ser humano dejó para que sus descendientes supiéramos de sus andanzas. La que es, probablemente, la variante de prostitución más antigua que se conoce es la religiosa, de la que tenemos constancia por primera vez en Sumeria.

Hablamos del siglo XVIII antes de nuestra era, en la antigua Mesopotamia, momento y lugar del que datan documentos que hablan de la necesidad de proteger los derechos de propiedad de las damas de compañía. Ciertos apartados del código de Hammurabi hablan de los derechos de herencia de los propietarios de las prostitutas… Nos estamos refiriendo a documentos de hace casi cuatro mil años, no lo olvides.

Sin abandonar Oriente próximo, y aún en la Edad Antigua, los historiadores Heródoto y Tucídides hablan de que en Babilonia era obligatorio para todas las mujeres, al menos una vez en la vida, acudir al santuario de Militta (la diosa de la lujuria, la belleza, la sexualidad y la reproducción) y practicar sexo con un extranjero como señal de hospitalidad a cambio de un pago simbólico.

Cerdeña y Sicilia también eran  lugares en los que la prostitución estaba muy presente, lo mismo que en las culturas fenicias, en las que suponía un rito en honor de Astarté. De hecho, es posible que fueran las expediciones fenicias las que extendieran el oficio por los puertos del Mediterráneo.

Por otra parte, y como inciso, recordemos que la Biblia habla –en parte- de esta época y lugar, y en ella también se dan muchas referencias a la prostitución.

Grecia clásica: un óbolo y, a lo mejor, la cama

En la Grecia clásica la prostitución no era sólo cosa de mujeres. Tanto ellas como los hombres jóvenes (efebos) ejercían un oficio que en la época y el lugar se llamaba “porne”, derivado del verbo “pornemi”, que se traduce por “vender” (ahora ya sabes de donde viene la palabra “pornografía”).

Las putas griegas, también llamadas hetairas, podían ser no sólo independientes sino incluso muy poderosas. Estaban, además, obligadas a vestir de determinada forma y a pagar impuestos. De nuevo, un inciso: las heteras griegas ejercían un trabajo no muy distinto del de las oiran japonesas: mitad prostitutas, mitad cortesanas. Como las tawif hindúes, por buscar otro punto de comparación.

En este sentido, determinadas damas de compañía de la Grecia Antigua (pensamos en Lais de Corinto o Lais de Hicara) alcanzaron fama eterna tanto por bellas como por su agradable compañía, de modo que exigían unas sumas exorbitantes por sus servicios.

Fue en el siglo VI a.C. cuando Solón fundó el primer burdel de Atenas, con cuyos beneficios hizo levantar el templo consagrado a Aprodites Pandemo, diosa patrona del negocio. Con todo, la ley prohibía terminantemente el proxenetismo. Y, hablando de prostíbulos, en Chipre y Corinto existía una forma de prostitución religiosa en un templo en el que, según Estrabón, ejercían más de mil prostitutas.

En Grecia existían diferentes categorías de prostitución, cada una de ellas con su nombre: las chamaitypa’i trabajaban (tumbadas) en la calle; las perepatetikes buscaban, caminando, a sus clientes, a los que luego se llevaban a sus casas; y las gephyrides ejercían cerca de los puentes. En el siglo quinto antes de nuestra era, los escritos de Ateneo nos informan de que el precio de un servicio alcanzaba un óbolo –más o menos el salario medio de una jornada de trabajo-.

Antigua Roma: el poder del púrpura

En la Roma precristiana, la prostitución era de lo más normal, hasta el punto de que, según la especialización y el estatus de las putas, se les diera unos u otros nombres. Por ejemplo, a las cuadrantarias se las llamaba así porque cobraban la mísera cifra de un cuadrante; las felatoras por su parte, eran expertas en… en… bueno, te lo imaginas, ¿verdad?

Aquí, al igual que en Grecia, la puta media era una mujer independiente y a veces con mucho poder. Asimismo, la ley les ordenaba vestirse de púrpura para diferenciarse del resto de las romanas y, claro, pagar impuestos.

La América precolombina: la mala vida de las putas

El nombre que los aztecas daban a las prostitutas era el de āhuiyani, que podría traducirse como “contento, feliz…”, posiblemente derivado del náhuatl āhuix “tener lo que se necesita”. Las putas ejercían junto a los caminos o en recintos llamados Cihuacalli, donde las autoridades religiosas y políticas permitían la prostitución.

El nombre de estos sitios, Cihuacalli, proviene del náhuatl y significa “casa de mujeres”. En ellas, las prostitutas se quedaban con mercancías de uso común como pago a un trabajo de muy baja consideración social.

Edad Media: salvando familias

En la Edad Media Europa asistió a un importante auge de la prostitución, como un servicio que evitaba problemas mucho mayores como el adulterio o las violaciones. En cualquier caso, el oficio no estaba exento de polémica, con argumentos económicos, teológicos o políticos tanto a favor como en contra de que las mancebías se legalizaran.

De hecho, eran con frecuencia los propios municipios los que regentaban los burdeles y a partir de la segunda mitad del siglo XIV los concejos eran los que arrendaban los establecimientos a los padres de la mancebía, quienes controlaban a su vez a unas prostitutas que debían ser solteras y sanas (se sometían a frecuentes inspecciones médicas e higiénicas). Entre estos padres de la mancebía se contaban, al parecer, caballeros de la alta sociedad, partícipes de un negocio muy lucrativo.

El Renacimiento: controles contra las enfermedades
Tras la Reforma protestante y la aparición de epidemias de infecciones venéreas en el siglo XVI, las prostitutas tuvieron que someterse a un control que, entre otras cosas, sólo les permitía tener relaciones con tres hombres cada jornada.

Del siglo XVIII hasta hoy

La Ilustración fue un tiempo de reivindicaciones y normas, siguiendo las ideas de libertad de conciencia. Desde la Inglaterra del siglo XVII, Mandeville recomendaba crear un sistema de prostíbulos para hacer frente a la prostitución callejera, los hijos no deseados e incluso el infanticidio.

Los ilustrados radicales franceses promovieron una especie de revolución erótica: pensemos en obras literarias como Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclós; o en el hecho de que Diderot reivindicara que el deseo sexual se considerase como necesidad vital del ser humano.

Desde los años 10 del siglo pasado, Estados Unidos ha ilegalizado la prostitución en casi todo su territorio, lo que no significa que deje de ser un negocio muy lucrativo en aquel país. Y, ya cien años después, en buena parte del planeta no hay una política clara sobre si debería legalizarse o no el oficio (dicho, ahora sí, con toda la justificación posible) más antiguo del mundo.

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