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Historia de la prostitución en Valencia

Eso de buscar la compañía de prostitutas en Valencia no es algo que se haya inventado esta mañana a las ocho y cuarto. La prueba está en esta cita extraída de un manuscrito anónimo del siglo XIX “Los valencianos generalmente son muy vivos e ingeniosos, viven alegres y contentos aún en la pobreza, ordinariamente se les acusa de ligeros y asimismo con una imaginación ardiente. Esta imaginación, al estar siempre exaltada y en estado placentero, invita a que sus sentidos reciban continuamente sensaciones halagüeñas”. Un poco puteros sí que eran nuestros tatarabuelos.

La cita arriba escrita se recoge en Figues i naps. Imatge i Erotisme en la literatura popular valenciana, escrito por el bibliófilo Rafael Solaz y presentado recientemente en la Universitat de València. Y ha sido precisamente en este acto en el que se ha elogiado a la obra como seria y rigurosa, tanto en lo que se refiere a las fuentes como en lo relativo a las citas.

Figues i naps se convierte en una imprescindible enciclopedia erótica de la literatura popular valenciana. Dicho en términos más prácticos, si nos apetece saber cómo se entonaba quien podía hacerlo antes de irse de putas en Valencia hace siglos, esta es la obra. En el libro podemos leer sobre el sexo en papel desde el siglo XV hasta nuestros días.

La historia del erotismo en Valencia

Son doscientas cincuenta y siete páginas con trescientas ilustraciones que nos dan una idea de cómo ha sido el erotismo impreso a lo largo del último medio milenio.  Además de ello, también nos podremos hacer una idea de cómo se evitaban las trabas de los censores y moralistas –que muy probablemente se contarían entre quienes se hicieran acompañar de las putas en Valencia de aquella época-.

El autor de la curiosa obra subraya la inventiva de los valencianos en lo que el tema erótico se refiere, así como su papel básico en obras del siglo XV como Tirant lo Blanc. Añade Rafael Solaz que a lo largo del siglo XX la editorial Carceller supuso una referencia para el género, sin dejar de lado las ediciones del XIX.

Del retrete a la vitrina

Figues i naps. Imatge i Erotisme en la literatura popular valenciana recupera parte de esas obras, tan ocultas como escondida era la compañía de las meretrices de Valencia, que ante las censuras y prohibiciones tenían que transmitirse oralmente de generación en generación. En contraste con la difusión que hoy en día se consigue a través de los anuncios eróticos y foros de putas en internet, antaño, los puteros valencianos se dejaban llevar por su instinto sexual ante la necesidad de follar con mujeres de pago.

Aunque la obra se centra en Valencia, muy bien podemos hacer extensivo lo que aquí se dice a toda la Península: y es que en un país en el que la prostitución olía (huele, en ciertos casos) a licor de baja calidad, tabaco y sudor, en un lugar donde se tiene como orgullo que le has saltado los dientes al prójimo pero es de mal tono mencionar cualquier cosa que ocurra de cintura para abajo, en esta España que es tan puta que no entiende que existan otras que se dediquen al oficio, es casi imposible encontrar literatura erótica en los archivos públicos.

Una vez más, del mismo modo que irse de putas, en Valencia o en cualquier lugar de España parece un acto de egoísmo o de incapacidad para relacionarse, poco menos que antisocial, hacer uso de la literatura erótica debe parecerles a nuestros poderes públicos una especie de actividad vergonzante de habitación sucia y cara llena de acné, en lugar una forma de pasar un rato divertido.

Lo dicho en los dos últimos párrafos nos lleva a una conclusión lógica: ya que el erotismo impreso no se acepta ni moral ni socialmente, ha de disfrutarse en privado, de modo que los documentos que de él se conservan lo hacen en bibliotecas y colecciones particulares, al menos hasta hace pocas décadas. En todo caso, y dejando de lado las hipocresías y actitudes farisaicas, hemos de reconocer, como lo hace Solaz que “las obras prohibidas o al menos que habían sido censuradas en [otras] épocas” resultan, al menos, fascinantes.

Sexo vegetal

Hablando de reconocer: parece que si no usamos la palabra no estamos cometiendo el pecado: ¿cuántas veces decimos cuquis, lumis, chicas… en lugar de hablar de irse de putas? Así con todas sus letras ¿Qué tiene de malo? Sin embargo, y volviendo al libro, algo de ese idioma con doble sentido pero de pocos equívocos presenta ya desde el título Figues i naps.

De hecho “Higos y nabos” hace referencia también a la huerta y a su importancia en Valencia –piensa que parte de quienes se iban de putas en Valencia pagaban los servicios con lo que ganaban de sus tierras-. Además, y sin abandonar el vocabulario “hortosexual”, también nos referimos a esta parte tabú de nuestro cuerpo, al menos en la región, como moniato, xirivia, tomaca, fava, bacora, col… “Hay que tener en cuenta –señala el escritor- que se habla de lo que nos es más cotidiano, lo que tenemos más cercano, y nos expresamos como pueblo agrícola”

Jugando de nuevo con esa vergüenza absurda que pesa sobre el sexo, los “figues” del título poseen otro sentido, en tanto en cuanto en 1777 se lanzó en Barcelona un edicto que prohibía la venta de higos por unas supuestas consecuencias perniciosas contra la salud… Cuando en realidad se prohibieron más bien por una cuestión de salud moral, en tanto en cuanto “figa” (higo) se asocia como palabra y como imagen al sexo femenino. Al autor se le hizo raro este veto en unja época menos moralista que el siglo XVII.

La luz valenciana contra el oscurantismo puritano

En todo caso, la literatura erótica siempre ha sido uno de los blancos de la censura y, puestos a concretar, de la Iglesia. Sin embargo, y al igual que con la prostitución, en Valencia los censores, moralistas y defensores del cilicio y de las amenazas contra el alma inmortal lo han tenido siempre más complicado: las gentes abiertas, desinhibidas y amantes de los placeres (digan lo que digan) sanos de la región no iban a dejarse achicar.

“el burdel más grande del Europa en el siglo XV estaba en Valencia”

Concluye el escritor: “Un pueblo tan vitalista como el valenciano aceptó de mala gana las prevenciones judeocristianas contra el erotismo (…). Los moralistas tuvieron muy cuesta arriba el imponer la conciencia de pecado contra el sexo”. Como dato, el burdel más grande del Europa en el siglo XV estaba en Valencia, donde nació el dicho popular: “dels pecats del piu, el Nostre Senyor se’n riu”.

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  • Hola, guest
  • Vaya tela, así que el burdel más grande de europa estaba en Valencia, joder, menudos festines que se tuvieron que pegar nuestros antepasados. Aunque recuerdo una película, no recuerdo el título, pero se me quedo grabado a fuego como trabajaban las putas de la época. Pasaban los clientes uno detrás de otro y se la follaban, cuando se corrían los clientes, las putas se limpiaban con un pañuelo y pasaba el siguiente, buaggg, ¡¡que asco!!, quizás entonces a nuestros antepasados les podían más las ganas que otra cosa, porque entonces enfermedades también habían.De lo que estoy seguro es que en aquella época, con la represión social que había sobre las prostitutas, el morbo tenía que ser mucho mayor, si ahora ya te pones a temblar, antes tenías que mearte en los pantalones, jaja