sexo valencia pecado original

Ir de putas: El “precio” del pecado original

Eso de ir de putas ha dejado de ser algo sórdido. Recuerda cuando irse de putas en Valencia, sobre todo fuera de las poblaciones más grandes, estaba tan mal visto que parecía una actividad reservada para personas poco menos que deformes o pervertidas…

Sin embargo, las percepciones parecen haber cambiado: no vamos a decir que aquellos que requieren los servicios de las escorts en Valencia lo puedan publicar en “Las Provincias”, pero tampoco es una acción para avergonzarse de ella, digan lo que digan determinadas mentalidades reprimidas y, por eso mismo, represoras.

De hecho, es posible que la mejora en las condiciones de las visitas a las escorts de Valencia y en cualquier otro lugar tenga que ver con que nos hemos sacudido de encima determinadas represiones de esas con tufillo a cirio y a semen derramado sobre cuerpos inocentes que, en lugar de cobrar, van a pasarse la vida pagando en lágrimas el desahogo sexual ajeno.

Fuera el tufillo a cirio e incienso

Sí, hablamos de que el sexo no tiene por qué ser pecado sólo porque genere mala conciencia en quienes lo practican a pesar de haber prometido renunciar a él: para ellos, claro, una prostituta es la encarnación de Satanás, que los tienta a traicionar a sus votos –que es donde debería estar el pecado: en la mentira y el perjurio, y no el sexo en sí-.

Sin embargo, hemos vivido una muy larga época en la que habíamos regresado a formas de pensar medievales (de pensar y de hacer, que la jodienda siempre ha tenido un hueco en cualquier agenda de cualquier época). Fueron muchos los que se creyeron que masturbarte de deja ciego o que el sexo en sí es un pecado que aboca a quien lo comete al infierno, sin pasar siquiera a saludar a sus amigos en el purgatorio…

La prostitución, un trabajo necesario

Pues, y por si quien quería (quiere) pastorear y cuidar de nuestra alma desea saberlo, el sexo, además de placentero, es necesario para la buena salud del individuo, tanto física como mental. Vale, tampoco vamos a exigir que a los pacientes del Clínico Universitario se les recete una noche de putas en Valencia, ni que las prostitutas ofrezcan sus servicios en las farmacias (a pesar de que a algunos enfermos y farmacéuticos les fuera a cambiar la vida para muy bien), pero sí que hemos de reconocer que con su trabajo, las prostitutas cumplen, lo quieran o no, un importante servicio para la salud del prójimo.

Pero hablábamos de que nos estamos sacudiendo de encima la conciencia de pecado por irnos de putas. Ayudaba mucho a la antigua forma de pensar la concepción eclesiástica del mundo (la religión tiene poco que ver con la Iglesia, ojo), pero también ayudan determinadas ideas machistas. De hecho, con el declive del machismo, el sexo de pago ha ganado en naturalidad y en calidad. Nos explicamos:

El machismos y el daño que ha hecho a la prostitución

El machismo le hacía daño a la prostitución –al menos- por dos vías: de un lado, estaba el derecho que se atribuía el hombre a que su pareja se convirtiera en una especie de esclava, salvo en la cama, donde sólo tenía que abrirse de piernas. Sin placer. Sin imaginación. Ciertas mujeres tienen el mismo número de niños que veces han follado.

Claro que en este sentido –y este es el segundo motivo por el que el machismo ha dañado tanto a las escorts- tenía tanta culpa el hombre, que se negaba a explorar el placer con su mujer y reservaba los experimentos para cuando se iba de putas, como la mujer que asumía su papel de sirvienta sin imaginación para todo lo que no fuera un metisaca rápido y soso el sábado después de cenar y que, de saltárselo, condenaría su alma inmortal a las torturas del infierno… Con la Iglesia habíamos vuelto a topar.

Curiosamente, lo que pudiera parecer una situación ideal para las escorts que se encuentran en Valencia (o de los mencionados pueblos más o menos grandes), era todo lo contrario: la hipocresía y la vergüenza, fuera machista –no te atreves a pedírselo a tu mujer-, fuera eclesiástica –recordemos que el cura había bendecido el matrimonio y sus frutos en forma de hijo, no de placer-. La hipocresía y la vergüenza hacían, decimos, que el putero se despreciase a sí mismo y por tal razón a la mujer que satisfacía aquello que no se atrevía a pedirle a su pareja. Desprecio que muy bien podía acabar en unas condiciones de trabajo muy duras…

Los tiempos están cambiando

Afortunadamente, el camino en las últimas décadas es el que se nos ha ido abriendo desde Europa, tanto en cuanto a dejar atrás la sacristía oscura y con olor a cerrado y polilla, como en lo que se refiere a que hombres y mujeres tengan los mismos derechos. Y, como por hoy ya hemos mencionado lo suficiente a la Iglesia, vamos a ver cómo la apertura de mentes, tanto en los hombres como en las mujeres, ha beneficiado al trabajo de las prostitutas.

Ya no es sólo que una pareja sea capaz de pedirse mutuamente lo que les gusta sino que eso ha llevado a desmitificar el sexo, lo ha convertido en algo divertido, natural, en lugar de ese cuarto oscuro y húmedo de una vida privada que todos sabemos que tenemos pero que negamos que exista.

¡Al infierno!

Y, como es algo divertido y natural, es normal que existan profesionales que ofrezcan sus servicios para proporcionarlo. Del mismo modo que todos sabemos caminar por el bosque y hay empresas que cobran por ofrecerlo con la etiqueta de “turismo de aventura”, todos sabemos –mejor o peor- seducir a una mujer y, sin embargo, podemos ahorrarnos la incertidumbre del cortejo a cambio de unas decenas de euros.

Para concluir: es pecado darle a mi cuerpo lo que le gusta y necesita para estar equilibrado a cambio de dinero, me temo que le voy a dar al Demonio la posibilidad de crear un puesto de trabajo en el infierno, torturando mi alma inmortal… Junto con la de otros muchos.

Comenta tu experiencia con Ir de putas: El “precio” del pecado original

  • Hola, guest