universitarias valencianas

Putas universitarias valencianas y “sugar babies”

El panorama del sexo valenciano es variado. No solo a la hora de practicarlo, sino también por la manera en que se usa para conseguir ciertos fines. Y no estamos hablando del cliché al que recurren muchas películas eróticas en las que la secretaria busca un ascenso haciéndole “un favor” al jefe, sino situaciones reales en las que el sexo funciona como moneda de cambio.

Esto es algo muy recurrente en dos ámbitos que, si bien presentan diferencias a la hora de llevarse a cabo, también tienen muchos factores en común: las “sugar babies” y las putas universitarias Valencianas.

Comenzaremos por el método menos “profesionalizado”; al que recurren muchas mujeres en la actualidad y que puede pasar desapercibido en los medios de comunicación precisamente porque se trata de una forma discreta de presentar el trato. Estamos hablando de lo que se conoce comúnmente con el término anglosajón de “sugar daddy”.

Una vida de lujo a cambio de sexo

En efecto, es un trato. Una suerte de acuerdo por el que la mujer busca a un hombre de perfil maduro y económicamente solvente que le solucione los aspectos relacionados con el dinero a cambio de tener una relación con él. Una forma de prostitución menos formalizada, pero que comparte los fundamentos básicos que están detrás del trabajo que realiza una meretriz universitaria: el sexo a cambio de dinero.

En Valencia, estas relaciones se denominan como “relaciones mutuamente beneficiosas” o “transaccionales”. Lo interesante de esta cuestión es que plantea la pregunta: ¿Se trata de una forma de prostitución socialmente aceptada? ¿Hay alguna diferencia real entre la prostituta universitaria y las “sugar babies”?

La mayoría de los ejemplos que se extraen de las “sugar babies” (mujeres jóvenes que se citan con hombres maduros aceptando a cambo regalos y demás beneficios) son chicas que necesitan un apoyo económico para poder sobrellevar alguna carga o poder vivir tal y como a ellas les gustaría; con el nivel de vida que siempre habían buscado, pero con una pareja que funciona simplemente de cajero automático. Muchas de ellas son universitarias que, abrumadas por el endeudamiento y los gastos de la educación que han escogido, se deciden por este estilo de vida en busca de poder llevar una vida mejor.

Entre los cientos de entrevistas que se han realizado a las mujeres que llevan esta forma de vida, destaca una que se ha realizado en el Reino unido, donde esta práctica se ha convertido en algo frecuente. El nombre de la entrevistada es Freya y nos deja alguna frase bastante elocuente para que entendamos este fenómeno y la estrecha relación con las chicas valencianas que ofrecen sexo por una cuestión meramente económica.

Según Freya “Me encanta el sexo, y se me da bastante bien. Así que conseguir un ‘amante ricachón’, o incluso dos, era una elección lógica”. A continuación añade “Mi sugar daddy casado me dio $1,600 aproximadamente por una noche. El sólo estaba interesado en el sexo“.

Esta chica, como podréis imaginar, no decidió de la noche a la mañana convertirse en una “sugar baby”, sino que es una decisión a la que llegó después de haber tomado otras vías que no resultaban tan satisfactorias: “Tuve dos trabajos durante mi primer año. Era horrible, ganaba menos de $8 la hora trabajando en un bar y, además, eso estaba afectando a mis estudios”.

En la entrevista asegura que es cierto que se trata de una prostitución, pero tal y como ella lo ve, hay un estigma ridículo asociado a esa palabra. De la misma manera que una prostituta valenciana universitaria decide ganarse el dinero con el sexo, esta chica usa el sexo a su favor, pero desde un concepto que, al no tener la etiqueta asociada que detenta la prostitución, se libra de la mayor parte de la presión social.

Las respuestas a las preguntas que planteábamos con anterioridad se muestran bastante fáciles de responder. Efectivamente, las similitudes entre lo que entendemos como una “sugar baby” y una acompañante sexual son tan cercanas que apenas podemos diferenciarlas desde el punto de vista de la utilidad práctica que se hace del sexo. La diferencia, como ya hemos establecido, es que la prostitución está mal entendida en la mayor parte de las instituciones dedicadas a la comunicación, por lo que termina estando mal enfocada en la sociedad.

En ambos casos la práctica de “vender” su cuerpo (término que no se ajusta a la realidad de su actividad, ya que ellas tienen el control en todo momento de las personas que eligen) es una decisión voluntaria que han tomado en función de sus propios gustos y necesidades. Las líneas que separan ambas funciones son tan delicadas que tan solo sirven para esquivar la persecución sin sentido que se hace a las chicas de compañía.

No hay que olvidar que estamos separando la prostitución de las calles controladas por las mafias y relacionadas con el proxenetismo con la prostitución que se realiza de una forma segura por mujeres que encuentran en la prostitución un rendimiento económico que les facilita la vida. De la misma manera que Freya paga la universidad contactando a través de su página web con “sugar dadies”, una escort universitaria hace exactamente lo mismo: el mismo método y el mismo objetivo.

En la entrevista también se le concede algunas palaras a la madre de Freya, la cual argumenta que no está en contra de lo que hace su hija. Antes de que se dedicase a tener una vida llena de lujos practicando sexo a cambio de dinero, su hija no era feliz; no tenía dinero porque la familia era pobre y no podía sacarse los estudios porque estaba agobiada con los pagos. A pesar de que sea una actividad con la que la madre de Freya no se sienta del todo cómoda, asegura que lo que importa es la felicidad de su hija, y que se trata de una forma de ganarse la vida como cualquier otra.

Quizás lo que podemos extraer de esta historia es precisamente eso: aunque en muchos casos haya personas que no se sientan cómodas con la prostitución, lo que verdaderamente importa es que las chicas que la ejercen sean felices haciéndolo.

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